Desde el principio…
Un día, con cuatro años, me fui de casa.
Era una niña rara.
En la tele esperaba los anuncios.No por lo que vendían,
sino porque ahí pasaban cosas.
Historias de 30 segundos.
Promesas. Dramas comprimidos.
Luego estaban los libros.Leía e imaginaba historias.
Me gustaba más vivir ahí dentro que aquí fuera.
BOOOOOORING.
Sí. Ya lo sé. Sigo.Un día, con cuatro años, me fui de casa.
No fue una huida épica.
No hice mochila.
No dejé nota.Estaba hasta el coño, aparentemente,
pero tampoco me vine arriba:
me fui al patio de la vecina.Allí estaba yo, sentada en el suelo,
jugando con piedras y arena como si estuviera en una playa.
Mientras tanto, todo el barrio me buscaba.
Gritaban mi nombre.
Me llamaban.
Corrían.Y yo… a mi bola.
Me tenéis hasta el coñoooo, pensé.
Con cuatro años y ya harta del sistema.Entonces pasó.
Desde la puerta de una casa apareció un niño.
Alto. Rubio. Silencioso.
Tenía cara de saber cosas.
Como El Principito.No dijo nada.
Solo me hizo una señal con la mano.
Un gesto pequeño. Seguro.
Como si supiera que yo estaba esperando eso exactamente.Me acerqué.
Se inclinó.
Y me susurró algo al oído.No, no te digo lo que me dijo.
Eso es solo mío.Él me miró.
Abrió la puerta.Y yo salí.
No miré atrás.
Esperé que nadie me viera.
Me dio la mano.Y nos fuimos.
Fue la primera vez que me sentí realmente libre.
El final lo tienes que imaginar tú
Solo te puedo decir una cosa:
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