A principios de los 2000, mientras todas las marcas de comida rápida hacían anuncios bonitos y perfectos, Quiznos decidió hacer justo lo contrario.
Sacaron unos muñecos mutantes, mal animados, cantando fatal.
La reacción fue inmediata:
«Es horrible.» «¿Qué estoy viendo?» «No soporto este anuncio.»
¿Y sabes qué pasó después? Todo el mundo hablaba de Quiznos. Todo el mundo los recordaba. Y las ventas subieron.
El email original — El anuncio más feo del mundo
Me propongo hacer el anuncio más feo del mundo.
¿Por qué?
Lo feo me pone,
no te j*de.
Ahora te explico por qué.
Sigo.
Anuncios,
sí.
Feos de verdad.
De los que incomodan.
De los que dan un poco de vergüenza ajena.
Porque,
seamos honestos:
anuncios feos hay muchos…
pero pocos triunfan siendo feos.
Como los hombres,
¿no?
Y uno de los que se lleva la palma,
redoble de tambores…
es el de Quiznos.
¿Quiznos?
Sí.
Escucha.
A principios de los 2000,
mientras todas las marcas de comida rápida
hacían anuncios bonitos,
como McDonald’s,
Quiznos decidió hacer justo lo contrario.
Sacaron unos muñecos mutantes,
mal animados,
cantando fatal.
Los famosos Spongmonkeys.
Feos de c*jones.
La reacción fue inmediata:
“Es horrible.”
“¿Qué estoy viendo?”
“No soporto este anuncio.”
¿Y sabes qué pasó después?
Todo el mundo hablaba de Quiznos.
Todo el mundo los recordaba.
Y las ventas acompañaron.
No ganaron por ser estéticos.
Ganaron por romper el patrón.
Y aquí viene lo importante.
Hoy hago anuncios para Instagram.
Un lugar donde lo bonito abunda.
Donde todo está filtrado,
perfectamente diseñado…
y donde casi ningún anuncio consigue lo que debería:
parar el scroll.
Porque el objetivo principal de un anuncio no es gustar.
Es detener la mirada.
Hacer que alguien se quede medio segundo más.
Y ahí,
lo feo,
bien pensado,
vende.
Por eso me he propuesto hacer el anuncio más feo
y memorable posible.
No por provocación.
Por estrategia.
Porque en un sitio donde todo es bonito,
lo feo no es un error.
Es una ventaja competitiva.
Y eso,
al final,
es copywriting.
No hacer algo feo porque sí.
Hacer algo lo bastante raro como para que el cerebro no pueda archivarlo como “otro anuncio más”.
Pregunta de foro:
¿Qué anuncio feo, cutre o incómodo recuerdas precisamente porque rompía el patrón?
Ugly sells. Pretty scrolls.
Luego vino HeadOn. El anuncio era literalmente esto: pantalla negra, texto blanco, una voz robótica repitiendo sin parar:
«HeadOn. Apply directly to the forehead. HeadOn. Apply directly to the forehead.»
Sin imágenes. Sin storytelling. Sin música. Sin copywriting. Nada.
La gente decía: «This is unbearable. This is the worst ad ever made.»
Resultado: todo el mundo lo recordaba. Las ventas se dispararon.
La lección de publicidad efectiva que la industria no quiere aceptar
No necesitas que la gente ame tu anuncio. Solo necesitas que pare.
El cerebro humano está diseñado para ignorar lo predecible. Lo bonito, lo pulido, lo «correcto» se filtra automáticamente.
Pero lo raro, lo incómodo, lo que no encaja con el patrón esperado — eso para el cerebro. Y un cerebro parado es un cerebro que recuerda.
Publicidad efectiva no es publicidad bonita. Es publicidad que no puedes ignorar.
¿Tu comunicación es tan cómoda y predecible que la gente la ignora sin darse cuenta?
Si quieres comunicar de forma que nadie ignore
En mi lista analizo publicidad real — buena, mala y fea — y lo que puedes aprender de cada una.
Entra. Te veo dentro.
