Comunicación directa en los negocios: sin pedos en la lengua

Eran las 7 de la mañana. Estación de tren. Desierta. Nadie.

Y de repente empiezo a escuchar ruidos. Un trompeteo extraño que venía de la sala de espera.

No estaba sola. Había una señora. Y había pedos. Muchos. Sordos. Persistentes. Nivel orquesta sinfónica en hora punta.

La mujer empezó a gemir. Lo estaba pasando tan mal que me acerqué por si necesitaba ayuda.

Le pregunté si estaba bien.

Me miró, roja como un tomate.

«Sí, sí, estoy bien.»

No lo estaba. Pero no aceptó ayuda.


El email original — Sin pedos en la lengua

Hoy vengo a hablar de pedos.

Sí.

Gases.

Stay with me.

Te cuento algo que me pasó hace años y que,

aunque no lo parezca,

tiene bastante que ver con tu proyecto.

Sí,

tu proyecto huele a pedo too.

Eran las 7 de la mañana.

Estación de tren.

Desierta.

NADIE.

Y de repente empiezo a escuchar ruidos.

Un trompeteo extraño que venía de la sala de espera.

Pensé:

estoy sola.

Spoiler:

no.

Había una señora.

Y había pedos.

Muchos.

Sordos.

Persistentes.

Nivel orquesta sinfónica en hora punta.

Después de un rato,

la mujer empezó a gemir.

Lo estaba pasando

TAAN mal

que me acerqué por si necesitaba ayuda.

De verdad,

parecía grave.

Le pregunté si estaba bien.

Me miró,

roja como un tomate,

y me dijo:

“Sí, sí, estoy bien”.

No lo estaba.

Pero no aceptó ayuda.

De ahí aprendí dos cosas:

Con la edad,

esto pasa.

Cada vez más gases.

Es así.

Life and shit happens.

Y a veces estás tan avergonzado que,

incluso cuando alguien te tiende la mano,

prefieres decir que no.

Aunque la estés pasando fatal.

Y esto lo veo constantemente en proyectos creativos,

formativos

y de negocio:

personas brillantes que necesitan estructura,

apoyo

o alguien que ayude a ordenar el caos…

pero no lo piden.

Porque da pudor.

Porque “ya se apañarán”.

Porque I should be able to handle this.

Ahí está el punto incómodo.

Entre ideas brillantes

y ejecución real.

Entre “lo tengo controlado”

y “esto me está reventando por dentro”.

Así que sí,

te lo digo sin pedos en la lengua.

En el fondo va de algo serio:

detectar cuándo hace falta ayuda

y ofrecerla sin ruido.

Without the gassy circus.

Pregunta de foro:

¿Qué parte de tu proyecto te da más vergüenza admitir que necesitas ordenar o pedir ayuda?

Dos lecciones sobre comunicación directa en los negocios

Primera: si tienes un problema, dilo. Cuanto más tiempo pasa fingiendo que «estás bien», más te cuesta resolverlo.

La señora de la estación tenía un problema digestivo. Evidente. Y prefirió sufrir sola antes de pedir ayuda.

En los negocios pasa exactamente igual. We’re fine. Everything is fine. El cash flow va mal. Los clientes no convierten. El mensaje no funciona. Pero «estamos bien».

Segunda: la comunicación directa no es ser maleducado. Es no hacer perder el tiempo a nadie, incluido el tuyo.

Si hubieras dicho «sí, me duele la barriga», solución en cinco minutos. Si dices «estoy bien» cuando no lo estás, el problema se va haciendo más grande mientras finges.


Comunicación directa en los negocios: lo que parece incómodo vs. lo que realmente lo es

La mayoría evita la comunicación directa porque cree que va a incomodar al otro.

Pero la incomodidad real es distinta: es el cliente que no sabe qué le ofreces. El proveedor que no sabe qué esperas. El email que no dice nada para no molestar a nadie.

Di lo que necesitas. Di lo que no funciona. Di lo que quieres.

Sin pedos en la lengua.

Sin fingir que estás bien cuando no lo estás.

Si prefieres la comunicación directa

En mi lista escribo exactamente así: sin rodeos, con humor, con lo que es. En Spanglish y sin vergüenza.

Entra. Te veo dentro.

Entra

Espera un momento-espera un momento- ya casi- ya casi

Algo ha fallado

Confirma tu e-mail

 

Ve a spam

Junk folder

O lo que sea que tengas

Sácame de allí

Respondeme a esta pregunta:

¿Qué deberíamos hacer con los señoros con exceso de testosterona?

Quiero saber tu opinión

¿Qué harías?

Yo los mandaría a hacer servicio comunitario moderando grupos de WhatsApp de mamás del colegio.

O les regalaría:

  • Un espejo gigante para que practiquen hablar sin interrumpirse a sí mismos

  • Un manual titulado “No todo es una competencia, cariño”

  • Un cupón para canjear por una emoción básica (solo una, que no se me vayan a abrumar)

Espero tus opiniones.

También si quieres insultarme.

Gracias

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio