Honestidad en los negocios: lo que Rosemary’s Baby tiene que enseñarte sobre saber la verdad

Mia Farrow se queda embarazada de Satanás. La semilla del demonio. 1968. Si no la has visto, has tenido 57 años para hacerlo.

Lo más inquietante de la película no es el demonio.

Es Rosemary.

Rosemary sabe todo. Sabe que su marido la vendió. Sabe que sus vecinos son una secta. Sabe lo que lleva dentro.

Y aun así. Sigue.


El email original — Como Satán

Mia Farrow se queda embarazada de Satanás.

Cosas que pasan un sábado por la noche tonto,

de borrachera,

con amigas.

Normal.

Te hablo de La semilla del demonio,

Rosemary’s Baby.

Spoiler alert,

pero cariño…

es de 1968.

Si no la has visto…

¡has tenido 57 años!

No sé muy bien a dónde va este email.

Atente,

porque es fuertecito.

Vas a pensar:

“Madre mía, esta tía… qué desvarío.”

Sí.

Desvarío.

Vamos rápido.

Polanski es un señor con sentencia firme por violación.

Dato incómodo.

Y aun así,

esta película explica MUCHAS cosas.

Rosemary sabe TODO.

Sabe que su marido permite que el demonio se la tire para medrar profesionalmente.

Sabe que su hijo es literalmente la semilla del demonio.

Tiene algunos problemillas éticos,

vale.

Pero al final…

asume su papel.

El papel que nos han asignado siempre:

Madre.

Esposa.

Cuerpo disponible.

Silencio elegante.

Instinto maternal por encima de cualquier horror cósmico.

Y ese final…

Ese final es EXACTAMENTE el que esperan todos los señoros:

que aceptes.

Que cuides.

Que mezas la cuna del demonio con una sonrisa cansada.

Ahora viene la parte incómoda.

Uno de los grandes temas de esta peli es el terror psicológico.

Y hoy,

2026,

el terror psicológico de muchas madres no es Satanás.

Es que tu hijo salga votante de VOX.

No me mires así.

Esto se habla.

En cenas.

Con vino.

Con amigas.

— “Tía, tengo miedo.”

— “¿De qué?”

— “De que el niño me salga facha.”

Terror real.

Psicológico.

Y lo peor:

si eres feminista…

tienes TODAS las papeletas de que en la adolescencia te odie.

Entonces,

¿qué haces?

Opción A:

Le encierras.

Le quitas el móvil.

Le prohíbes YouTube.

Le prohíbes que coma ganchitos.

Opción B,

estrategia avanzada:

Finges que no eres feminista.

Sí.

Fake it till they chant.

Haces apple pie.

Le das un beso a tu maridito.

Le preparas el tupper del trabajo.

Le recibes en la puerta con las zapatillas puestas.

Tu hijo lo ve.

Se horroriza.

Se le cae el alma al suelo.

Y PUM.

En tres años lo tienes cantando en la mani del 8M

con purpurina en la cara.

Ingeniería emocional básica.

¿Y ahora qué se vende aquí?

Esto:

pensar cosas raras.

Unir puntos.

Entender qué pasa en el mercado.

Entender por qué la gente hace lo que hace

aunque diga lo contrario.

Entender el miedo.

El deseo.

La culpa.

La narrativa invisible.

Y luego convertirlo en textos que se quedan dentro.

No anuncios bonitos.

Anuncios que se te quedan dentro.

Como Satán.

Pregunta de foro:

¿Qué miedo oculto de tu cliente nadie se atreve a nombrar en tu sector?

La honestidad en los negocios empieza por no mentirse a uno mismo

¿Cuántos negocios funcionan como Rosemary?

Saben que ese cliente no les conviene. Lo siguen atendiendo.

Saben que ese servicio no funciona. Lo siguen vendiendo.

Saben que esa colaboración es tóxica. La siguen manteniendo.

Y se construyen historias para no ver lo que ya saben. «Ya mejorará.» «No es para tanto.» «Necesito el dinero.»

La honestidad en los negocios no es solo no mentirle a tus clientes. Es no mentirte a ti.


Por qué la honestidad en los negocios es también una estrategia

Cuando eres honesta contigo misma sobre lo que funciona y lo que no, puedes corregir.

Cuando te mientes, sigues invirtiendo tiempo, dinero y energía en algo que ya sabes que no va a funcionar.

Rosemary siguió porque creía que el amor lo iba a cambiar todo. Que si era suficientemente buena madre, el bebé del demonio sería diferente.

Spoiler: no.

La honestidad en los negocios no es fácil. Pero es mucho más barata que la alternativa.

Si prefieres la verdad incómoda a la mentira cómoda

En mi lista escribo sobre negocios, ventas y copywriting sin filtros. Con Rosemary Baby y sin demonio incluido.

Entra. Te veo dentro.

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Respondeme a esta pregunta:

¿Qué deberíamos hacer con los señoros con exceso de testosterona?

Quiero saber tu opinión

¿Qué harías?

Yo los mandaría a hacer servicio comunitario moderando grupos de WhatsApp de mamás del colegio.

O les regalaría:

  • Un espejo gigante para que practiquen hablar sin interrumpirse a sí mismos

  • Un manual titulado “No todo es una competencia, cariño”

  • Un cupón para canjear por una emoción básica (solo una, que no se me vayan a abrumar)

Espero tus opiniones.

También si quieres insultarme.

Gracias

 

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